(Irene Muñoz)
Había una vez una niña que tenía el cabello muy rubio y muy rizado. Sus profesoras cuando hablaba en clase la amenzaban con cortarle su precioso pelo. Pero sus amigas lo tenian lacio. Un buen día, más o menos a los seis años, decidió que ella también quería parecerse a las otras niñas y comenzó a estirarse el cabello con peines, tirándo de él con las manos... Después de diez largos años, la pequeña se ha dado cuenta de que hay que valorar lo que tenemos, y aceptarnos tal y como somos. La moraleja de mi propio cuento es muy clara y a la vez complicada de introducir en mi día a día: Cariño se quien eres, no te averguences de ello y solo así podrás ser realmente feliz...
Pues si corazón. Nose como te es tan dificil quererte ti misma con lo facil que se lo pones a los demas :) Eres impresionante Irene y punto pelota no hay más que decir! LOVEYOU!
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