(Irene Muñoz)
Efectivamente: algunos necesitan un poco más de tiempo para madurar... No digo que pierdan el niño que llevan dentro, esa chipita que les hace especiales, no queremos que olviden la espontaneidad e inocencia propias de los más pequeños, pero a partir de los dieciseis años ya es obligatorio saber donde estamos, con quienes y como debemos comportarnos en cada momento y eso es lo que a veces se les olvida a los tios. Mis amigas y yo cada día estamos más de acuerdo. Nuestra hípótesis llegará lejos seguro. Pero es deprimente cuando te paras a pensar en lo que esos inmaduros te prometieron, esas cosas que parecían perfectas y no lo eran. Pero siempre queda la esperanza de encontrar a esa persona que nos haga feliz, alguna vez, no se sabe dónde, puede ser lejos, o más bien, más cerca de lo que imaginamos… Y le repito una y otra vez: porqué no podría venir y decirme: Eres tú, ¿verdad?, llevo mucho tiempo buscándote, somos el uno para el otro… Y ahí es cuando mi amiga me contesta: cariño, cuando te bajes de la nube en la que viajas en estos momentos, y te pegues la ostia contra el suelo, avísame…y la mire y las dos sonreímos porque sabemos que le encontraremos alguna vez, pero no sabemos cuándo. Y tiene toda la razón, y como me recuerdan muchas veces: Disney tiene toda la culpa de mis altas expectativas sobre los hombres… Sé que no existe el hombre perfecto pero tenemos la esperanza de encontrar el mejor para cada una de nosotras. Aunque cada día a base de los comportamientos de los mismos, seres predecibles, se nos quitan las ganas. Y la contestación siempre es la misma: "¿Para que les queremos? ¡Estando juntas nos sobran!" Pero luego cada una no puede dejar de pensar en ellos que aún sacándonos de quicio, nos vuelven locas, nos encantan.
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