(Irene Muñoz)
Abrir su libro favorito, ojear sus páginas y encontrarse con
su foto. La de ese día tan especial para los dos, la primera, la más importante
y empezar a recordar.
¿Amor a primera vista? No. En realidad fue un tropiezo y una
bronca pero ellos no sabían que aquello que empezó con el pie izquierdo
terminaría siendo algo muy grande, tanto que ellos mismos cruzarían los límites
¿por qué? Por amor… Primer día de clase, se sentó en la tercera fila como a
ella le gustaba y comenzó la clase. Golpearon la puerta, alguien llegaba tarde,
y para su sorpresa era el mismo idiota con el que había discutido en la entrada.
Como no podía ser de otra manera, ¿la única mesa libre? La de su izquierda. Encima
compañeros de clase ¿podía pasarla algo peor? Será boba… aunque es cierto que
todavía no sabe que terminará queriéndole más que a su vida. El curso avanzaba
y su vida dio un giro: la detectaron un cáncer terminal, dos meses de vida como
máximo. Tomó la decisión más importante de su vida pero lo hizo con madurez y
sabiduría. Opto por no hundirse sino salir adelante y alcanzar la felicidad
viviendo al máximo el tiempo que la quedaba. La primera temporada fue muy dura,
días enteros en el hospital sometiéndose a tratamiento pero la enfermedad no
era lo único que le rondaba por la cabeza. Aquel chico, su compañero, el
idiota, si… le echaba de menos, necesitaba hablar con el aunque solo fuera para
discutir sobre el resultado de aquel problema tan complejo de ciencias. Empezó
a darse cuenta de que le necesitaba pero se negó a que su corazón pudiera sentir
algo así. ¿Por qué ahora? Quizás porque fue el único que la visito días y días,
que la regalo flores, que la dio su cariño, que se entregó porque el también la
necesitaba a ella. Se dio cuenta que aún viéndola sin maquillaje, recién
levantada, enferma, le seguía pareciendo la más preciosa del universo, la más
valiosa y eso es amor. Parece ser que acabaron con el tumor durante un tiempo,
tiempo que ambos dedicaron para vivir, disfrutar y amarse. Salían, pasaban
horas cerca uno del otro, reían, lloraban,
se besaban, llevaron su amor hasta el final y nunca mejor dicho.
El tumor volvió a aparecer pero nunca me lo dijo, no quería que
dedicara tiempo a preocuparme porque se iría muy pronto, simplemente quiso que
la amara por encima de todo, sin distracciones, como había estado haciendo
durante estos últimos meses. Y así fue, terminé amándola más que a mi vida, entregándome a ella. Recuerdo que salimos,
andamos por el parque, nos besamos en la orilla del lago, nos miramos en el
banco del bosque, recuerdo que las mariposas que sentí el día del primer beso,
regresaron. Nos hicimos fotos en un fotomatón y solo recortamos una, en la que
firmamos amor eterno… Han pasado dos años y parece que fue ayer cuando al acabar
ese magnífico día me tumbé en la cama y supe que había encontrado a la suerte de
mi vida, a mi ángel de la guarda. A la mañana siguiente recibí una llamada, era
su madre, entre lágrimas me dijo que había muerto, mi vida, mi amor se había
ido y antes de hacerlo le dijo a su madre que me diera las gracias por haberla
hecho conocer lo que era la verdadera felicidad y el amor sin medida…
Estaba triste, pero mi conciencia estaba tranquila porque sé
que su último día de vida fue el mejor de su vida, sin duda. Y la foto que nos
hicimos ese día, la foto de nuestro amor hecho promesa es la misma que hoy encuentro entre las
páginas del libro y no dejo de llorar pero de felicidad porque ella cambió mi
vida.