(Irene Muñoz)
Mira, amigo... cuando estabas bien, cuando la calma y la serenidad inundaban tu alma, yo caminaba a tu lado. Pudiste ver mis huellas en la arena... ahora que estás mal, cansado y abatido ya no camino a tu lado porque he preferido llevarte en brazos. Las pisadas que ves en la arena de la playa no son las tuyas, son las mías, son profundas y claras... marcadas por el peso de tu propio cansancio...
