Y volver allí donde fuí tan feliz. Donde los problemas solo salían a la luz en nuestros ratitos en la piscina, cuando el agua llevaba nuestros susurros del corazón de una al de la otra. La luna cubría el cielo y estabamos solas, nuestras vidas y la amistad que nos une. Y ahí se resumen los momentos de desahogo todo lo demás dejémoslo entre tu y yo. Quiero volver, tumbarme en la arena, mojar los dedos de mis pies con ese agua inconfudible. Oir el acento de sus gentes y mirar el cielo de madrugada, contemplando atónita cada una de las estrellas que abundan en las noches almerienses. Quedarme dormida escuchando una canción mezclada con el sonido de la brisa marina. Subir a una hora exacta a la azotea para ver el vuelo de millones de pájaros sobre mi cabeza. Hablar mientras paseo con la gente que he dejado en mi ciudad. Quiero volver a estar alli, que suene el timbre y me llamen: "¡Irene! preguntan por ti"; bajar las escaleras y verla apoyada, como cada año, en el pollete de la casa de mis vecinos, que me sonria y nos abracemos fuerte. Empezar a recuperar el tiempo perdido durante tantos meses y empezar a disfrutar de nuestros días libres. Quiero volver a pasarme la hora de la siesta con ella en las tumbonas de la urbanización. Y bailar y decir idioteces que sólo nosotras entendemos. Que después de tantos años de amistad un te quiero se queda corto pero tu, mi baezana, ya sabes todo lo que eso conlleva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario