(Irene Muñoz)
No es justo, me repito tantas veces, ¿Por qué? ¿Qué hice
mal? No hay respuesta, no quiero entrar en esas cuestiones a las que nunca he
sabido contestarme, simplemente me recordaré día si día también que nadie me
dijo que esta vida fuera a ser ni fácil ni justa. Y todo sigue, el tiempo
avanza. Mi vida cambia no sé si cobra sentido o no, intento encontrar mi lugar
mientras tanto como caminante sin camino. Cojo aire, cierro los ojos,
reflexiono. ¿Qué hice mal? Nunca lo sabré. Fuiste ¿tu? ¿yo? Qué más da; todo
fluye. Ya me da igual y no quiero volver a sufrir, bastante mal lo he pasado y
hace ya mucho tiempo que deje de ser la idiota. Una y no más me dije tantas
veces, de buena no serás la tonta, pero una mierda dentro de mí me recordaba: “no
te hagas la dura porque tú no quieres ser así”. Y volvía a caer en ese estúpido
juego de darle todo a alguien y recibir cosas indeseables. Jugar así requiere muchísimo
esfuerzo pero todo el mundo sabe que cualquier esfuerzo tiene recompensa: ¿Mi
esfuerzo? Seguir el camino de la vida con el sufrimiento y el dolor que
conlleva hacerlo ¿Mi recompensa? haberme fortalecido, haber madurado, haber
perdonado, haberme realizado como persona, haber amado, haber saboreado la felicidad,
en definitiva haber vivido.
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